martes, 7 de abril de 2009

El Castillo del Moro

Nadie (de la gente que pueda leer esto) conocerá a Muhammad ibn Mardanis. Quizás si digo que fue conocido como el Rey Lobo, a nadie le seguirá sonando. Curioso y personalmente atrayente personaje histórico.

Todo el mundo habrá cruzado alguna vez el puerto de la cadena y siendo un poco observador se habrá fijado en una bonita montaña con la cima desnuda y plana... no sé si existe algún nombre técnico para llamarla; bueno, existirá, pero no lo conozco. Yo hace unos años que me fijé; tenía que pasar por allí todos los días. Cada vez que iba y venía lo observaba desde abajo. Siempre quise subir allá arriba y ayer tuve la oportunidad de hacerlo.

Fue unos días antes cuando me sorprendí tremendamente, justamente pasando cerca de aquel lugar. Descubrí que allá arriba estaban los restos de un castillo. Uno de los castillos (el último he leído por ahí) construido por el Rey Lobo. El buen amigo que me lo dijo, conocedor de mi gran pasión por este rey de Murcia, fue un buen amigo y me propuso subir a verlo. Costó mucho, pero mereció la pena.

Caminamos bastante, subiendo y bajando por estrechos caminitos, cruzando pequeños riachuelos. A mitad de camino, mi gran amiga gris decidió parar. Mi amigo y yo seguimos subiendo. La subida, en algunos tramos es bastante dura, y hay que tener ganas de alcanzar la cima. Pero una vez que llegas, merece la pena verdaderamente.

Llegamos hacia el atardecer. La luz a esas horas es preciosa. Las vistas espectaculares. Y aunque me quede la entrada un poco sosa y nada densa (como suelo escribir), no hago descripciones (probablemente cursis), no porque no las merezca el lugar, sino porque a quien realmente le interese, debe ir allí.

Pero no acabó mi aventurilla ahí. Sabe que guardo su anonimato, pero tengo que contar que mi amiga gris, que se quedó atrás como ya dije, se sintió con fuerzas para seguirnos... sin avisarnos, para darnos una sorpresa. Yo no es que sea el último superviviente, pero he oído muchas veces aquello de: "no te muevas de donde estás; vamos a por ti". Pero no me hizo caso la primerza vez que se lo dije; por supuesto tampoco las sucesivas. Y en eso que siguiendo nuestros pasos, eligió un camino que no era. Así que allí estábamos mi amigo y yo, donde la habíamos dejado, y ella en un lugar desconocido donde todos los árboles son iguales. Pero todo acabó felizmente, sobre todo para mi amiga gris, que si llega a estar en un hábitat más hostil, no dude de que hubiera sido devorada por los lobos. Al menos todos aprendimos que en el campo no se deben dar sorpresas.

¡Cuánto te quiero amiga gris! Te dedico este vídeo a ti. Espero que, como compensación a lo que sufrí buscándote, lo aprendas y lo bailes para mí... ya sabes como sigue la frase.




1 comentario:

grisácea dijo...

ohh la rachel brace claro que la conozco es una crack! bueno y vosotros!jaja
pues nada te recompensaré con un baile estilo "tribal", muackkkkkkkkk